Kerutustra en un mar de ropa y un cuarto barroco

El verdadero artista, aunque no tenga la libertad o los recursos, siempre va a buscar la manera de expresar su arte. Frida Kahlo pintó postrada a su cama o a una silla de ruedas. Beethoven, aún después de quedarse sordo nunca dejó de componer. Ray Charles tocó encerrado en la oscuridad de su mirada sin ver nunca las teclas del piano. 

Hace seis años, el Keru sufrió una descarga eléctrica de 13 mil voltios. A raíz de ese accidente, le tuvieron que amputar un brazo, y por lo mismo, ya no volvió a tocar la guitarra, su instrumento de cabecera y con la que se ganó un lugar en la escena del rock juarense junto con Los Motocacas. Pero contrario al futuro que muchos le vaticinaban, el Keru ha buscado la forma de seguir vigente no sólo en la música, sino ahora también como pintor.

Recientemente presentó su última grabación: Así habló Kerutustra, álbum de una variedad musical adictiva, muy difícil de escuchar en otro artista o grupo local.

Lleno de luces  y sombras, con referencias a los sonidos del cine de los 50s, donde la música es el hilo que une a los vivos con los muertos; a la poesía con la vulgaridad, y al cantante de Motocacas con un Keru que no se había escuchado antes.

Sería injusto etiquetarlo como un disco de rock, sino más bien es un homenaje al extenso catálogo musical que acompaña al Keru en  en sus repetidas noches cuando decide abandonar la música y tomar el pincel y el gallo de marihuana.

Él mota, y yo crico

¿Cómo te sentiste trabajar tú sólo en comparación con toda la banda?

Me sentí bien chingón porque me facilitó muchas ideas que ya traía en la cabeza. Me abrió las posibilidades a otras cosas y jalé con total libertad. A lo mejor si hubiera trabajado con alguien más me hubiera dicho que puliera los errores que tiene el disco, pero yo quería que así se quedara, tipo caserón.

¿Cómo fue el proceso del disco?

Algunas canciones las tuve que re-grabar, por ejemplo, las que estábamos haciendo para el documental de Mónica (Blumen) donde participó Memo, Matute, Robert, Kenia y Amanda. Esas se quedaron a medias porque falleció Memo y después yo las terminé.

Para quien no lo sepa, ¿quién era Memo?

Memo era nuestro hermano. Guitarrista cabronsote. Se perdió por un rato. Lo encontramos y lo invité a tocar. Dijo: arre, simón. Le tire el rollo, “es que tenemos que hacer algo, nos vamos a morir y tenemos que dejar algo. Y él siempre decía: para la posteridad.

¿Qué cosas de los demás integrantes de Motocacas, podrías decir que están de ellos?

De hecho algunas de las rolas las estaba haciendo como maquetas para hacerlas con ellos. La intención era hacer una letra como picarona como la que se llama “La morrita que no está”. Y esa era la intención grabarlas con ellos.

¿Crees que este disco le tiene más deuda al pasado o al presente?

Yo creo que igual. Por eso le puse ese título/chascarrillo, por el libro de Nietzsche. Igual que Zoroastro, el profeta que subió al monte y agarró su conocimiento y regresó a predicar, igual yo. Subí al monte agarré mi conocimiento que es mi vida y todo lo que he pasado, y bajé a predicar (ríe).

¿Si no te hubiera ocurrido el accidente hubieras sacado un material similar?

No creo porque yo traía otros sonidos que eran más guitarrazos en ese tiempo. Me hubiera ido por un pedo más roqueroso. Este es como la impotencia de no poder hacer eso.

¿Tuviste algún tipo de viaje con el disco?

Si, yo ponía las rolas siempre que me ponía a pintar y me clavaba en escucharlo como si fuera otra persona que no fuera yo, que ni me conoce, a ver que chingados iba a pensar del disco. Se me hacía entretenido. Algunos me decían: ah mira, aquí se parece a Jaime López…

¡Exacto! Eso te quería preguntar ¿De qué te apropiaste para este disco?

Pues me gusta la poesía de Real de Catorce. También el pedo regional que trae Jaime López.

¿Es diferente musicalizar una canción a un poema?

Nunca lo había hecho. Ese de Columna de Bere lo leí y lo escuché en la cabeza. Se me hizo casi el mismo proceso.

Este es un disco de opuestos (luz/sombras, vida/muerte) de repente te vas a lo poético, y después a lo vulgar como en “Los Ojetes” que no terminas una frase sin una mala palabra.

Quería que fuera una canción dura porque es de denuncia, con ese pinche coraje que no se puede expresar para no valer verga.

¿Qué será mejor influencia para el artista, las drogas o la vida?

No creo que funcione igual para cualquiera. A mí me funcionan las drogas (a mí también, comento). De hecho la canción “Familia por vida” nació porque un día me chingué un honguito y me puse amoroso (risas) y un día me puse a fumar y salió “Los ojetes”.

Oye Keru ¿qué te hubiera dicho Chichi (su papá) sobre el disco?

Yo creo que sí le hubiera gustado porque siempre que hacía rolitas se las enseñaba y me decía: “vas muy bien”. La primera vez que escuchó un medio blues que hice se sorprendió.

¿Y Doña Soco (su mamá)?

Me hubiera cagado por las groserías (risas) pero yo creo que le hubiera gustado también. Me anduviera presumiendo con las tías (risas).

Oye Keru, ¿no te gustaría producirle a otras bandas o a otros cantantes?

Ya estoy en pláticas con dos tres y voy a producirles el disco a unos camaradas. De hecho es más a lo que me quiero dedicar. Ya no me interesa tocar en vivo.

¿Es como cerrar un capítulo?

Es que si me moría no iba a dejar nada de estas ideas que traigo. Y luego lo de Memo, ni modo de no sacarlo, por eso la portada con la Santa Muerte guacareando. Porque siento que la muerte me guacareo a mí, me devolvió

y después de explicarme el arte del disco, terminó la entrevista y fumamos.

Él mota y yo crico


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