Don Burro | No Menores, No Aleluyos

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Texto: Rafael A. Revilla R.

Había una época en donde los bares trataban de ser bares, no centros sociales. Lugares en donde el cigarro tenía el doble propósito de contaminar nuestros pulmones y mitigar el olor a orina. El agua misteriosa que salía de los baños resbalaba a la gente que hacía slam y se cayera al piso. Se preguntarán, ¿qué es lo interesante de estos lugares mundanos?, todo se resume al carácter, a la personalidad de un lugar y eso no se logra de la noche a la mañana.

A mediados de los 90’s existían esos bares en donde te sentías cómodo, aunque la mayoría de la población los consideraba peligrosos; eran bares que lograban que los vecinos se reunieran (antes del Facebook, esto era un poco más complicado) y organizaran una colecta de firmas para clausurar estos tugurios en donde se pudo apreciar fenómenos contraculturales, en un sólo fin de semana presentar una revista cultural y al siguiente día presentar a una banda metalera como Desidia o Umbrae con toda la parafernalia de sus fans y hacer trepidar el lugar, ¿cuál era ese lugar?, el famoso y versátil Don Burro.

No soy una persona nostálgica que añore el pasado y los lugares donde pasó su pubertad, como dice la famosa frase “crecer es morir un poco”. Los lugares cambian y la gente también, pero aún se extraña algo de esa actitud que tenía el Don Burro. En esos tiempos, existían lugares con identidades algo parecidas, El Cat House, El Renacuajos, El Sabandijas, pero ninguno con la carga emocional ni contracultural del Don Burro. Todos los anteriores desaparecieron y de ellos sólo quedó este lugar.

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Guardando las diversas proporciones y sin que me acusen de blasfemia, el recinto era nuestro CBGB chihuahuense y a excepción de que no teníamos a los Talking Heads, Ramones, Blondie, etcétera, el local era igual de lúgubre que el célebre antro neoyorquino, era nuestro Whisky a Go Go, nuestro Max Fish. Tener este tipo de bares, bandas y eventos era algo memorable en esos tiempos en donde no existían los medios electrónicos que existen ahora para promocionarse y todo era a base de flyers DIY (hechos por las propias bandas). No había promotores de fiestas ni eventos, pero al mismo tiempo cualquiera podía organizar un toquín, presentar un libro y traer bandas de fuera.

Lo más interesante de este bar era la interacción con la gente y las bandas, por su tarima (casi cayéndose) pasó la mayoría de las bandas chihuahuenses de los 90’s, como Viuda Negra, Skirla, Tráfico, Aneurisma, Goetia, Letrina… ya en la época plena del grunge o nu metal estaban ROI, Metro, Missyfu, Mammuth o los Seis Pistos (que para mi eran la banda de la casa), los viernes se presentaban las nuevas camadas y los sábados eran para bandas ya con mayor trayecto.

En sus calles aledañas se veían autos estacionados antes de comenzar la tocada de los que salían humos y olores extraños y se veía gente haciendo el “pre-copeo” antes de entrar para ya llegar ambientado al inmueble.

Don Burro era un lugar donde podías pasar tres horas haciendo headbanging (agitando la cabeza violentamente), y salir cuatro horas después con tortícolis, un zumbido en los oídos y una posible aneurisma, pero eso sí, lleno de júbilo. Ya no hay bares como esos, ya no existen lugares en los que no sabías qué esperar, ya no hay lugares como estos… No obstante Don Burro tuvo épocas confusas, se convirtió en una ocasión en salón de fiestas infantiles, imaginen a unos lindos niños recogiendo dulces del suelo que fines de semana anteriores estaba cubierto de restos de cerveza, colillas y vidrios de botellas de cervezas quebradas de la tocada de los Seis Pistos o los progresivos de Z.Atica.

El conocido Chava que siempre estuvo involucrado en el DB, platica que antes de ser un bar fue una imprenta en la que se realizaba un periódico de izquierda llamado La Calle, luego fue un local de burros, que luego se transformó en el famoso bar, pero como comenta, “al principio era algo mas contracultural, se leía poesía y había vino blanco” lecturas de poesía en voz alta, mismas que se combinaban con el sonido de las goteras cayendo en las bandejas que ponían en el piso de cemento pulido que existía (¿pensarían en algo más poético que eso?), después ya se fue transformando en lo que conocemos Don Burro “Slam Center”.

Don Burro nació y sigue actualmente en el mismo lugar de la Avenida Universidad, misma que fue testigo de todas las tocadas y testigo de cientos de automovilistas que miraban con curiosidad a los personajes de pelos en pico, góticos, darks, urbanos y demás protagonistas esperando entrar al inmueble. Aparte de salón de juegos infantiles, como lo comenté anteriormente, tuvo su última etapa de “experimentación” —como yo la llamo—, en la que se convirtió en bar gay.

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En la época de violencia en la que muchos bares cerraron, Don Burro se mantuvo abierto y en plena faceta de experimentación dando cabida a un público distinto al acostumbrado anteriormente, pero en igualdad de intensidad que lo mantuvo con vida y con el mismo nombre, estas eran épocas difíciles para la vida nocturna de la ciudad, o cerrabas por miedo a la violencia o los bares se convertían en espacios de convivencia para gays. Tiempo después cerró sus puertas, esta vez por buen tiempo.

Actualmente existe un nuevo proyecto en puerta para Don Burro y puede que sus portezuelas se abran nuevamente con una faceta más ad hoc para este siglo XXI. Si bien no creo que los nuevos inversores traten de emular glorias pasadas y tal vez no se podrá tener ese feelling de antaño (para bien, supongo). En el fondo me da gusto saber que el corazón del Don Burro aún está latiendo, solamente espero que al menos arreglen esas fugas misteriosas de los baños.

Publicado en Fusion Magazine en noviembre del 2013.